El Bar Pastís, el de la zona baja de las Ramblas, cierra. Se lo ha quedado la familia Raluy.
Ellos ya se hicieron con el London, de la calle Nou de la Rambla. Dicen que en el London han mantenido la decoración modernista pero adecuándola al gusto del público actual, es decir, al turista. Doy fe. Estuve hace tres meses y varias veces me hablaron en inglés cuando pedí una copa de vino en perfecto catalán.
Reformarán el Pastís. Y dicen que la música francesa tendrá su importancia en el bar, pero no en la medida en que lo era hasta ahora. Y dicen también que ya no habrá conciertos. Entiendo.
El negocio es meter a cuantos más turistas se pueda. Y es un local de 20 metros cuadrados. Sí, 20. Si empezamos a restar el espacio para el micro, el altavoz y el cantante, no les resultará rentable. Sería bonito y romántico mantener aquello que hacía del Pastís, ser "el Pastís", y no cualquier otro bar de copas nocturno.
Sería bonito, también, pensar que a los Raluy les mueve algo más que el negocio. Sí. Sería.
Fotografía de Óscar García
Leo, pienso, cuento, relaciono y reflexiono. No soy profesora ni filóloga. Realizando un máster en comerse, digerir y vomitar la vida.
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martes, 25 de septiembre de 2018
lunes, 24 de septiembre de 2018
LOS CAJEROS
Ayer viernes, a las 16 horas, en la estación de Mª Cristina, tuve un problema con mi tarjeta T-10: validó dos viajes en lugar de uno.
Me giré, para dirigirme a la taquilla y que cambiaran la tarjeta con el viaje gastado por error. Para mi sorpresa, los dos mostradores estaban cerrados. Estupefacta, me dirigí a uno de los guardias de seguridad (de una empresa privada subcontratada), que, amablemente, me acompañó a un gigantesco interfono donde pude explicarme. Para “desfacer el entuerto”, la voz me indicó: “mando a alguien”.
Esperé 15 minutos. La empleada de TMB, Transports Metropolitans de Barcelona que vino a atenderme fue amabilísima y solventó con diligencia el incidente. Se quedó ayudando a un señor japonés.
Si ayer yo hubiera maldecido en arameo pero no hubiera protestado y esperado esos 15 minutos a que mandaran personal de TMB, Transports Metropolitans de Barcelona, el viaje en transporte público me hubiera costado EL DOBLE. Omito el coste de mi tiempo.
Este incidente me recordó una escena que viví en una oficina bancaria. Hice cola para ser atendida y cuando por fin finalicé mi trámite, la persona que se había ocupado de mi gestión me indicó que eso lo podía realizar yo en el cajero automático. Mi respuesta fue: lo sé. Pero si me voy al cajero, un día tú perderás tu trabajo. Y llorarás. Y quizá entonces te acordarás de mi y de estas palabras que te estoy diciendo. Aunque ahora me mires con tu suficiencia de empleada de lacaixa.
Lo de los bancos es feo, pero es una empresa privada. Sí, luego les sacamos del atolladero con nuestro dinero, por eso es muy feo. Pero que un servicio público como TMB, un viernes por la tarde, en una estación como la de Mª Cristina -como tantas otras- no tenga personal a disposición del ciudadano, es para que reflexionemos acerca de lo que nos han hecho y lo que van a seguir haciéndonos con total impunidad. En nuestra mano está dejarnos. Como siempre.
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